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EL CREADOR DE UN GALPON QUE ESCONDE
JOYAS DE LA HISTORIA MOTORIZADA

I

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Marcelo Bertomeu es un experto y apasionado de los vehículos. Luego de que su padre lo introdujera en el mundo del coleccionismo, el marplatense trabajó hasta convertirse en un renombrado vendedor de autos clásicos, con un catálogo de más de 20 autos. 

Por: Pilar de León

Detrás de un pequeño portón, en la ciudad de Mar del Plata, se esconde la pasión de Marcelo Bertomeu. Una cortina oculta el interior del espacio, y un cartel oxidado señala el ingreso al local: “Autos de época”. Bertomeu abre la puerta de hierro, y deja atrás la transitada calle San Juan, para ingresar a un nuevo mundo lleno de vehículos históricos, desde Ford hasta Rolls Royce. El entusiasta marca el paso hacia un enorme galpón con paredes de ladrillo, decorado con chapas, piezas de restauración y fotos, y camina alrededor de 26 autos clásicos, que están a la espera de algún comprador.​

Hace 30 años que Marcelo Bertomeu se dedica a los autos. Hoy es propietario de un galpón que aloja treinta joyas de la historia motorizada. Desde un Porsche Speedster, hasta un Rolls Royce, Bertomeu es muy cuidadoso y comprometido con el cuidado de sus vehículos. Uno de ellos se ha ganado su cariño particular: un Motobloc del año 1914, que piensa presentar en la carrera Recoleta-Tigre: un evento exclusivo para autos anteriores al año 1919. 

Marcelo Bertomeu nació en Mendoza, pero en sus primeros meses de vida se trasladó a Mar del Plata junto a su familia. Su padre, Carlos Alberto Bartomeu, fue quien le transmitió el amor por los vehículos. “Mi padre tenía un Chevrolet 51 de cuatro puertas, que todavía preservamos, y nos picó el bichito a mi hermano y a mí con respecto al mundo de los autos de colección”, cuenta entre recuerdos. “Después tuvimos la suerte de tener muchísimos modelos más emblemáticos y caros, pero ese fue el que originó toda nuestra pasión”. 

Sus primeros contactos con el mundo de la restauración y mantenimiento de autos fueron a los 15 años, cuando empezó a ir a diversos talleres junto a su padre y su hermano. Luego de terminar sus estudios secundarios, se dedicó a los vehículos a tiempo completo. “Empecé en este ambiente desde muy chico, somos una familia muy fierrera”, comenta sobre sus raíces. 

A través de los años, en un mercado que muta permanentemente, Bertomeu ha cambiado también con él. En sus comienzos, viajaba a las imponentes ferias porteñas para comercializar diferentes piezas originales para la restauración y mantenimiento de autos clásicos. Incluso, investigaba distintos desarmaderos locales, en busca de autopartes únicas. Al mismo tiempo, empezaba a ganar experiencia y conocimiento a través de la reparación. Años después, el experto en vehículos descubriría que su verdadera vocación dentro del negocio era dedicarse a la venta de autos. 

Bertomeu no vive esta pasión solo, sino que encuentra un fuerte soporte en su familia, su mujer, sus hijos y sus amigos. Asimismo, cuenta con su mano derecha: Marcelo Navarro, quien trabaja haciendo asistencia diaria a los autos del local. Además de sus vínculos cercanos, trabaja con una amplia gama de personas externas a su negocio, que lo ayudan en tareas como pintura, tapicería, electricidad, entre otras. 


Este proceso de compra-venta está basado en una profunda relación de confianza con el cliente, a la que Bertomeu le tiene gran respeto. “Es muy normal en el ambiente del coleccionismo la reserva. Muchos de los coleccionistas que represento quieren vender algún vehículo y a ellos no les interesa participar en la operación”, comenta sobre el misterio dentro de este entorno. “Es más, prefieren no saber nada con el comprador ni con el proceso”, agrega. Si bien defiende que no tiene nada que ocultar, el carácter de sus relaciones con los coleccionistas y de su trabajo está basado en la confianza y en la discreción.

En un segundo piso, Bertomeu se ubica en su escritorio. Detrás de él, cuadros y fotos de distintos tamaños rezan experiencias. Entre ellos, destacan los premios por primeros puestos en Autoclásica, la competencia de elegancia más grande de Sudamérica, que se realiza anualmente en la localidad de San Isidro. Aún siendo ganador de una amplia cantidad de eventos, Bertomeu se muestra humilde y transparente hacia su pasión. “Cada auto tiene su historia, y eso es lo que te enamora de este mundo”, explica emocionado.

 

Al detenerse en las distintas imágenes que rodean su escritorio, emprende un viaje a través de sus recuerdos y vivencias. Su mente vuelve hasta el momento en que tuvo la oportunidad de construir un auto desde cero. “Hicimos una réplica de un Baquet de carrera, prácticamente a mano. Al ser autos que se usaban en calles de tierra, o en autódromos, tuvimos que pasar por todo un proceso para avejentarlo”, cuenta entre memorias.

La historia de la Baquet de carrera
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Marcelo Bertomeu tiene, aún, muchos pasos para dar dentro de este mundo. El apasionado por los autos piensa seguir sus viajes por Europa, Estados Unidos y Brasil, en busca de nuevos vehículos. Además, su próximo sueño, que hoy está en marcha, es ampliarse e instalar un local en España, junto a algunos de sus colegas europeos. 

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